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Incidencia en políticas públicas, el gran desafío de las organizaciones sociales

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Las organizaciones ciudadanas se encuentran hoy en día frente a la necesidad creciente de transformarse en actores con capacidad para incidir en las políticas públicas del sector donde se desarrollen.

Esta necesidad se basa en poder expresar sus ideas, en mostrar sus modelos y en lograr que la voz de los destinatarios sea incluida dentro de las prácticas de programas y proyectos a nivel gubernamental.

A partir de la identificación de una problemática concreta y el desarrollo de un modelo probado y de calidad, las organizaciones se enfrentan al perfeccionamiento permanentemente su abordaje contrastándolo con las necesidades concretas y cambiantes de las poblaciones con las que trabajan.  Estos modelos llevan en su ADN una visión de largo plazo que es una característica esencial para pensar en generar acciones de incidencia.

Estos actores sociales necesitan también mostrar datos concretos e información sobre el campo en el que se desarrollan para transformarse en referentes creíbles y confiables. Es fundamental también poder mostrar el beneficio que las acciones desarrolladas generan en la sociedad y las que podrían generar si fueran tomadas como política pública.

Otra arista fundamental es el rol que las organizaciones cumplen promoviendo la participación para la efectiva aplicación de las leyes, facilitando el acceso a la información y alentando a los ciudadanos a defender el cumplimiento de sus derechos.

Para generar incidencia e influir en las decisiones en también clave poder pensar permanentemente en el mapa de actores organizacional, con quién debo aliarme y para qué.

Al interior de la organización es central generar trabajo en equipo y co-responsabilidad en la ejecución del modelo.

Poder estar abiertos a la interacción y al intercambio con el contexto internacional permite enriquecer el modelo, mejorar el proceso de incidencia o lograr credibilidad a partir de tener más reconocimiento.

El camino es largo, es complejo. Lo importante es que la mayoría de las organizaciones hoy lo identifican como una necesidad básica para lograr una verdadera transformación social.

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La vocación, la construcción de “Un mundo en mi lugar”.

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Hace algunos días escuché a Matías Luna, Maximiliano Pelayez y Mariel Rivero quienes conducen la organización Defensores del Chaco en Moreno, provincia de Buenos Aires (www.defensoresdelchaco.org.ar).

A partir de esa charla extensa, llena de recuerdos y sueños futuros comencé a reflexionar sobre la vocación. Esa guía interior que lleva a generar una transformación, que desoye en muchos casos el techo de crecimiento que instala la propia sociedad donde uno vive.

Esa vocación que implica arriesgarse, superarse, esforzarse, con la certeza de estar recorriendo el camino que se vislumbra desde el interior. Es vocación surge muchas veces como una voz que no puede ser desoída, que se sabe junto con otros, que cree que a partir de la generación de acciones individuales y colectivas existe la oportunidad de regenerar un tejido social.

Esa vocación es fuertemente desafiada muchas veces por factores internos y externos; genera dudas, podré ser consecuente? Seré lo suficientemente convincente para llegar con mi idea a otros?; mis ideas y proyectos serán atractivos para que otros quieran sumarse?

En este construir junto a otros también se plantean interrogantes en relación a papel que se le ofrece a los que quieran sumarse, qué rol les dejaré jugar? Será una construcción colectiva o sólo una simple pantalla que protege mis creencias?

Otro pilar fundamental en el desarrollo y puesta en práctica de la vocación son la familia y los amigos, ese espejo incondicional que nos ayuda desde lo emocional para que se desarrolle; para ayudarnos a pensar en distintos escenarios y posibilidades; para darnos ánimo y alejar nuestra mente del “no voy a poder”.

La construcción de un tejido social fuerte como el que Matías y Maximiliano vienen creando desde hace 18 años (Mariel se suma hace  4 años a la organización)  se desarrolla a partir de la vocación, del compromiso, dejando la ingenuidad de lado, teniendo una mirada crítica de la realidad, generando liderazgo barrial, desoyendo el partidismo, haciendo, haciendo y haciendo, compartiendo con la comunidad, construyendo distintas opciones, soñando, creando y viviendo para un Moreno distinto, inclusivo, bello y feliz.

Algunos datos para compartir:

• La Fundación Defensores del Chaco nació gracias a la iniciativa de 12 jóvenes que se juntaban a jugar al fútbol en las esquinas de Chaco Chico, hasta que decidieron darle forma a un sueño: construir su propio club. Sin recursos, los adolescentes cruzaron un enorme basural y allí instalaron un letrero: “En breve, Polideportivo del Club Defensores del Chaco”. En el fondo, eran más que locos por el fútbol, querían cambiar la realidad. Hoy más de 1,800 personas disfrutan de las actividades que la organización ofrece.

• En ese momento Maxi y Matías tenían 10 años, seguían a los mayores del grupo pero cada uno tenía responsabilidades dentro de la organización. Empezaron desde chicos a prepararse sabiendo que querían y podían acceder a posiciones liderazgo dentro de Defensores.

• Ambos definen a Defensores del Chaco como “SU LUGAR”, como una escuela de vida.

• En el 2007, a los 23 años asumen como Directores Ejecutivos de la Fundación.

• Además de los talleres deportivos, la fundación cuenta con talleres culturales, un jardín de infantes modelo para 60 niños y una escuela de liderazgo. A través de todas estas acciones recuperan la trama barrial y forman líderes para que conduzcan la comunidad.

• Creen que en la juventud está el cambio porque tiene la fuerza, la energía y la innovación para materializarlos. Por eso generan otras opciones a los modelos culturales establecidos que determinan que el éxito o la realización personal en el conurbano pasa por ser jugador de futbol o cantante de cumbia. Quieren darle una vida distinta, un futuro mejor a ese 70% de jóvenes de Moreno que creen que tiene su suerte marcada.

Ellos con 28 años han dejado una huella profunda para seguir…

El ADN de los Emprendedores Sociales

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Los emprendedores sociales no conciben la posibilidad de cambio si no es a escala. Esto tiene base en su ADN, que los impulsa a desarrollar soluciones innovadoras que puedan atacar los principales problemas sociales pensando globalmente y comenzando por una acción local.

Para que este cambio sea escalable debe ser sistémico. Ese es el ADN que define a un emprendedor social: su pensamiento sistémico.

Sólo a partir de visiones interdisciplinarias e intersectoriales podemos pensar en generar escala a largo plazo, de tal forma que las visiones particulares se enriquezcan a partir de las de otros. Pensar sistémicamente implica una mayor apertura teniendo como objetivo el largo plazo y la sustentabilidad del cambio social que se quiere lograr.   En este camino, los emprendedores sociales tienen que operar sobre distintas dimensiones que conllevan diferentes desafíos:

Trabajar en terreno e incidir en políticas públicas. La mayoría de las organizaciones sociales que generan un gran impacto social advierten que necesitan incluir la incidencia en políticas públicas para lograr una verdadera transformación social.  .

El combinar trabajo de campo concreto con incidencia en políticas públicas otorga legitimidad a la organización como un actor relevante y necesario. El desafío entonces es lograr ser parte del diseño de la política pública. Es esencial conseguir la distancia suficiente con el sector público para ser respetado como actor, generando una relación de confianza e igualdad que rompa el sistema clientelar.  .

Trabajar junto con las empresas para dejar la visión filantrópica tradicional y pasar a pensar conjuntamente en la inversión social de largo plazo, creando relaciones de paridad.  .

Si pensamos en el cambio a escala, es necesario inspirar a otros. Desde Ashoka trabajamos para generar un ecosistema emprendedor que involucre a empresas, gobierno, medios de comunicación, universidades, hombres de negocios, jóvenes y la ciudadanía en general. Sumar a nuevos miembros a la causa; trabajar inspirando a nuevas personas con la misión de aumentar el área de influencia.   A su vez, generar redes de organizaciones, compartir información y tender puentes de colaboración es otra forma de sumar escalabilidad.   Para lograr este cambio a escala los emprendedores también necesitan estar atentos a desafíos internos. Uno de ellos es la flexibilidad a los cambios como forma de responder a una realidad cambiante. Adaptándose al contexto y pensando en maneras innovadoras de responder a las problemáticas.   La comunicación es otro gran desafío. La escala hace necesario comenzar a transitar por sistemas más sofisticados de comunicación para llegar a nuevos públicos.   Los emprendedores sociales también tienen que ser conscientes de la solidez de sus modelos y ser flexibles para poder demostrar una alta capacidad de trabajo con otros, sin por esto resignar la esencia. Es fundamental que piensen en la necesidad de una construcción colectiva vinculada con otros actores sociales, políticos y económicos.   La transformación social sólo se logra a escala. Requiere entonces visión de largo plazo, abordajes integrales, agendas multisectoriales e innovación permanente.

http://www.lanacion.com.ar/1310382-el-adn-de-los-emprendedores-sociales