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Abanderados de la Argentina Solidaria: elegí el tuyo!

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Desde hace 3 años los argentinos podemos postular, reconocer y emocionarnos con historias de otros compatriotas que hacen algo para cambiarle la vida a los demás: los abanderados de la Argentina Solidaria  http://www.premioabanderados.com.ar/index.php#abanderados2012

Son historias fascinantes que llevan a la admiración y proponen la acción. Imitar a estos argentinos es una excelente idea! Conocerlos, divulgarlos y concienciarnos sobre sus causas nos hermana y nos lleva a seguir creyendo que el cambio es posible.

Tenés tiempo para votar hasta el 25 de noviembre.

Te invito a conocerlos, a emocionarte y a participar!!!

 

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“No hay nada peor que la indiferencia”: Martín Ferreira

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Martín Ferreira tiene 30 años, su vocación social y si compromiso lo llevaron a fundar SonRisas. Su entrega y pasión, como la de muchos otros, hicieron que este proyecto crezca y crezca!

Compartimos más sobre SonRisas y sobre Martín:

 

-¿Desde cuándo te interesaste e involucraste con causas sociales?

Desde chiquito que participe en mi primaria y secundaria en los proyectos que se organizaban vinculados a acción social.

Pero formalmente y como fecha bisagra, fue el 3 de Julio del 2004, cuando por primera vez realice una actividad en un merendero, en el partido de Esteban Echeverría. Fue ese día donde involucre con todas las letras. Ese día comencé a armar, pensar, compartir y encarar lo que hoy es SonRisas (http://www.creasonrisas.org.ar). Y también desde ese día fui conociendo e interiorizándome en el mundo de la acción social. Hoy me considero y autodefino como emprendedor social.

-¿Qué estudiaste?

Licenciatura en Administración. Me sirvió mucho. Me sigue sirviendo. También hice el curso de formación de formadores Amartya Sen.

-¿Cuánto influyo tu familia en tu vocación social?

Mucho, muchísimo!!! Mi genética tiene la energía inagotable de mi mamá y la entrega incondicional, “cero materialista” de mi papá. Los dos sumamente solidarios. Siempre apoyándome.

También sus ejemplos fueron eso, con las acciones de su vida. Y hoy por hoy mi novia, que se banca tantas reuniones, actividades, descuidos, y faltas de tiempo.

Y no me quiero olvidar de mi abuela tampoco. Otra luchadora incansable.

Mis hermanos también.

Yo soy un poco de todos ellos. Es algo que trasciende quizás a su influencia. Están conmigo. Incluso mi viejo, que falleció hace dos años, sé que es parte de mi ser y mi vocación social.

-¿Cuándo creaste sonrisas?

El 3 de julio del 2004 empezó el proyecto. Pero a penas si nos dábamos cuenta. Íbamos al barrio, armábamos actividades, gestionábamos cosas, pero no teníamos ni un nombre formal. 

En el 2007, hay otra fecha clave. Fue donde se nos acercó una organización que nos dijo que si completábamos un formulario nos daban un capital semilla de $2.000.

En seguida pensamos que podíamos hacer muchas cosas con esos $2.000. Para nosotros era una fortuna. Y lo único que había que hacer era completar un formulario y cruzar los dedos.

En no mucho tiempo más nos dimos cuenta que importante era poner un nombre, pensar una visión, medir el impacto de lo que hacemos, ponernos objetivos, pensar el proyecto a 5 años, buscar formas de ser auto sustentables. 

Estamos en el 2012 y SonRisas maneja recursos anualmente valuados en $ 568.000. 

Parte de eso lo recibimos en efectivo, parte en donación de especie, parte lo generamos en eventos. 

Y todo empezó a gestarse gracias a ese formulario de Ashoka, en el programa avancemos, que realmente hizo germinar esa semilla inicial.

Y no sólo eso. El proyecto recién arranca, y esta en pleno crecimiento.

-¿De qué de que trata SonRisas?

El proyecto tiene como visión generar un marco de contención, afecto, diversión y educación en niños, niñas y adolescentes, en situación de vulnerabilidad, para poder generar una infancia plena y una adultez con oportunidades.

Trabajamos en cuatro ejes:

1- Alimentación. Desde SonRisas se garantiza la alimentación a 56 familias. Todas ellas son censadas y se visita los hogares. Se clasifica según la situación y urgencia con intervención profesional.

2- el Juego. Se utiliza el juego como principal herramienta de acercamiento, expresión, educación y desarrollo.

3- la Articulación. Constantemente se trabaja y se estimula la articulación con las familias, las escuelas y el Estado. Y también con otras organizaciones de la sociedad civil, y el sector privado.

4- el Centro Social y Solidario. El proyecto cuenta con un espacio físico en el barrio, de 300 m2, que brinda actividades al barrio de lunes a sábado.  Desde ahí fundamentalmente se promueven los talleres de apoyo escolar. Pero cuenta también con cursos de música (batería, piano, guitarra), danzas (árabe, reggaetón, clásico, folclore, latino), cocina para adolescentes y madres, y actividades recreativas los sábados. También tiene una revista bimestral, comunitaria y una sala de cine. Aparte es un espacio abierto y alternativo a la calle. El mes que viene también se instala el gabinete de computadoras con Internet.

Somos un equipo de 40 voluntarios, divididos en 4 áreas de trabajo (recursos, comunicación, relaciones con el entorno y trabajo de campo). Contamos con una empleada rentada: Claudia. Una de las madres del barrio, que hasta hace poco trabajaba de empleada doméstica y que es quien hoy dirige el centro, lo abre y lo cierra todos los días. Y es quien antes nos ayudaba en todo lo que se necesito en este crecimiento.

A los cursos están inscriptos y participan 350 chicos. Los sábados en las actividades hay 150 promedio.

En los eventos especiales (día del niño, navidad, día de la primavera) van desde los 400 a 1000 personas. El comedor alimenta a 56 familias.

El trabajo es en el barrio Nuestras Malvinas, en el partido de Esteban Echeverria. En las proximidades de “El Pantano”

 -Cómo soñas SonRisas?

Cuando sueño mucho, imagino a SonRisas abriendo centros, en todo el partido, para luego empezar a trabajar en otro partido, y seguir creciendo.

Dejando capacidad instalada, para que los mismos vecinos sean quienes auto-gestionan el centro, y las articulaciones hechas con el municipio, empresas, escuelas y el resto de los actores de la comunidad. También con intervención de políticas públicas nacionales, a las cuales acompañar.

Cuando sueño más lejos, sueño con SonRisas con un modelo totalmente replicable e instalado, a lo largo de todo el país, y replicándose en otros de la región y el continente.

Pero cuando sueño un poco más lejos aún, sueño a SonRisas desapareciendo. Y en todo caso tomando mate en el centro, chalando con los vecinos, sin la urgencia de resolver necesidades básicas.

En un mundo sin injusticias sufridas por ningún ser humano.

 -¿Cómo son los chicos con los que trabajás? ¿Qué los caracteriza?

Buenos, inocentes, puros. Con una “calle” impresionante, una inteligencia bárbara, una fortaleza forzada por la necesidad. Alegres, agradecidos, sensibles. 

Quizás el punto común y distintivo es esa libertad para andar por la calle haciendo lo que les parezca. Y esa falta de libertad para vivir una niñez con todos sus derechos en plenitud

Hay muchos casos de chicos de no más un metro veinte, y 7 años de edad, que deciden si dejan o no la escuela, y van solos al centro que les queda a más de 15 cuadras, y tienen que cruzar varias calles. 

Tan afectuosos, con tanta necesidad de besos y abrazos que es imposible no dárselos. Bajamos del micro y se les cuelgan a todos los voluntarios. Obviamente que a los que conocen más tienen otra relación. Pero a los nuevos también les dan la bienvenida. 

 -¿Qué les dirías a otros jóvenes que quieren emprender?

Que no esperen ni un segundo más. Que se puede. Que nadie es tan fuerte como para cambiar todo sólo, ni nadie tan débil como para no poder hacer nada. Que la injusticia que sufre cualquier ser humano es una amenaza para toda la humanidad. Que no hay nada peor que la indiferencia.  Que no hay mejor causa en la vida que la de ayudar al prójimo. Que somos menos de los que se necesitan, pero somos más de los que se imaginan. Que cuenten conmigo, y con tantos otros que estamos para lo que se necesite. Que estén bien internamente antes de buscar hacer el bien a otros. Que emprendan con alegría y con pasión, que es la única forma de realizar cambios. Que nunca pierdan la humildad tampoco, ni se sientan súper importantes, ni generen dependencia de sus propias personas. Que trabajen en equipo, y que involucren a todos los que puedan. Que cuando quieran mejorar una realidad lo hagan desde la lógica de las personas con las que están trabajando, y escuchando siempre a los barrios, a la gente, en el campo, y no desde un escritorio.

Que tomen las decisiones ellos mismos de sus propias vidas. Que piensen que hacen y para que. Que sean cocientes de que un día estamos y otro día no. Y que en la fragilidad de la existencia va a trascender sobre cualquier otra cosa la capacidad de amar

 Y muchas, muchísimas cosas más, que a mi me llevo años entender, muchas que voy a seguir descubriendo porque recién empiezo en esto, y otras que a mi me decían pero que sólo entendí en el  hermoso camino de emprender, de ayudar, de comprometerse, de persistir, de soñar y de no bajar los brazos mientras haya un sólo ser humano sufriendo la más mínima injusticia. 

La paradoja de las organizaciones sociales

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En el año 2010 Stanford Innovation Review publicó un polémico artículo de David La Piana llamado “Nonprofit Paradox”.

El autor explicita que luego de 30 años de trabajo en el campo social empieza a darse cuenta de que muchas organizaciones de la sociedad civil recrean en sus culturas organizacionales aquellos problemas que están tratando de resolver y a ello llama La paradoja organizacional”.

Dentro de los ejemplos citados podemos destacar el de una organización dedicada a proteger los derechos humanos que contaba con miembros del equipo directivo que hacían sentir aterrorizadas a las personas que trabajaban con ellos. Estos mismos empleados empezaron a descubrir la ironía de calificar a su propio trabajo como una “tortura”.

Más allá de los casos que pueden citarse, La Piana apunta a la falta de comunicación dentro de las organizaciones y a la necesidad de refundar la cohesión dentro de los grupos de trabajo, generando espacios de diálogo para disminuir las tensiones.

También señala que los profesionales que trabajan en las organizaciones sociales son personas muy motivadas y con valores muy profundos. En función de materializar estos valores y de no desarrollar un pensamiento empático es que se comete la “paradoja organizacional”.

La Piana invita a reflexionar sobre los valores compartidos y los cimientos organizacionales. Analizar y reanalizar la cultura, las estructuras y los procesos, y concientizar sobre prácticas adquiridas y naturalizadas.

Interesante reflexión que lleva a reconectarse con el “qué” pero sobre todo con el “cómo” organizacional.

Para acceder al artículo clickeá aqui:Nonprofit Paradox

El tendido de puentes entre sectores, un cambio de rumbo, los mismos ideales…

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En el mundo interconectado en el que vivimos es cada vez más necesario complementar miradas y habilidades. Es fundamental también preguntarse dónde desarrollar y desplegar esas habilidades. Muchos jóvenes profesionales destacados se animan a interrogarse internamente y a pensar en la posibilidad de iniciar un nuevo camino, distinto al esperado o al programado pero que los completa no sólo en el ámbito laboral sino en el personal.

Conocemos la historia de Gonzalo Bazgan, profesional destacado de 30 años que luego de un período prolongado de la vida corporativa enfrenta nuevos desafíos en Cascos Verdes www.cascosverdes.org

-Gonzalo, ¿qué soñabas ser cuando eras chico?

Cuando era chico me gustaba mucho la historia, y por mucho tiempo pensé que iba a estudiar la carrera. Sin embargo, cuando fui creciendo tenía muchas otras inquietudes como el arte, la política y la economía. Cuando terminé la secundaria elegí estudiar Relaciones Internacionales porque las materias abarcaban un espectro bastante amplio de mis intereses.

-¿Qué soñas hoy para tu futuro?

Hoy tengo las energías puestas en  seguir desarrollándome como profesional en el ámbito de las políticas sociales, ya sea dentro del tercer sector o el ámbito privado. Generar cambios que contribuyan al desarrollo sustentable del país.

-¿Cuántos años te desarrollaste en el sector corporativo? ¿A qué te dedicaste?

Trabajé 5 años como responsable del área de Asuntos Comunitarios de Microsoft para Argentina y Uruguay.  En ese rol coordinaba la implementación de los proyectos de RSE de la compañía, tanto los de impacto directo en comunidades vulnerables, como de capacitación en nuevas tecnologías para el tercer sector. También estaba a cargo de las actividades de voluntariado corporativo, y daba soporte al área de asuntos públicos. Antes trabajé casi 3 años en el estudio de abogados Marval, O’Farrell & Mairal, apenas terminé mi carrera universitaria.

-¿Cómo decidiste el paso del mundo corporativo al social?

En primer lugar, tomé la decisión porque el proyecto de Cascos Verdes me parece increíble y totalmente innovador. En segundo lugar, lo tomé como un gran desafío profesional, teniendo en cuenta que la organización es joven y me motiva mucho acompañar el crecimiento orgánico que está teniendo.

Cascos Verdes es una asociación de la sociedad civil que trabaja a favor de la inclusión social y la conservación ambiental, creen que para lograr una sociedad más inclusiva y amiga del medio ambiente, es necesario el compromiso y la participación de todos los miembros de la comunidad.

Eligieron el nombre de Cascos Verdes porque entienden por Cascos el trabajo pro-activo y exhaustivo de quienes velan por una sociedad mejor y luchan por una comunidad inclusiva. Agregaron Verdes porque universalmente es el color del equilibrio ambiental, la vida y por sobre todo, la esperanza.

-¿Desde cuándo estas vinculado al mundo social?

Estando en la universidad trabajé como voluntario en el área de prensa de CIPPEC. Siendo un área transversal, me permitió recorrer el trabajo de la organización desde adentro y conocer más sobre programas sociales y temas relacionados a políticas públicas.

-¿Cuáles son tus desafíos actuales desde Cascos Verdes?

Mi objetivo es construir un plan a largo plazo. Cascos Verdes viene creciendo desde su nacimiento en forma exponencial, y ayudar a construir una estructura que pueda acompañar eficientemente ese crecimiento.

-¿Cómo evaluás la relación entre el mundo corporativo y el social? Qué tienen que aprender uno del otro? ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan?

Creo fervientemente en la tendencia hacia la profesionalización del tercer sector, y como profesional aspiro a que las diferencias organizacionales tiendan a desaparecer. Cada sector con sus objetivos específicos y diferenciales, pero con una estructura organizacional en donde el tercer sector se pueda nutrir de las buenas prácticas del sector privado, y viceversa. 

-¿Qué le dirías a un profesional joven como vos que todavía no se ha relacionado con el sector ciudadano?

Hay mil formas de acercarse al sector, quizás la modalidad de voluntariado sea la más sencilla, practicable a corto plazo y que le permite a uno acomodar la agenda personal. El Tercer Sector tiene gran necesidad de contar con profesionales que ayuden al desarrollo de las organizaciones, tanto en la parte institucional como en los programas sociales, y un primer acercamiento es quizás la forma para evaluar una inserción laboral efectiva.

 

Dando

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Cómo cada uno de nosotros puede cambiar el mundo

Bill Clinton

Bill Clinton escribe en el 2007 este libro centrado en llamar a la acción, en movilizar voluntades. Explica cómo luego de su partida de la Casa Blanca decidió pasar el resto de su vida dando su tiempo, su dinero y sus habilidades a emprendimientos sociales donde sintiera que hacía la diferencia.

Comenta que fue Hillary Clinton quien realmente lo hizo conocer el sector social. Ella desde estudiante estuvo siempre involucrada en diferentes causas sociales, entre ellas proveyendo asistencia legal a personas de escasos recursos mientras estudiaba la carrera de Derecho.

Clinton escribe el libro con el objetivo de animar a cada uno que lo lea a hacer la diferencia, dando tiempo, dinero, ideas, habilidades u otro tipo de recursos.

“Todos tenemos la capacidad de hacer grandes cosas. Mi deseo es que las historias que cuenta este libro impulsen a la gente a actuar, toquen los corazones y demuestren que el activismo ciudadano y el servicio pueden ser poderosos agentes para cambiar el mundo”, aspira Clinton.